Hay que pagar los platos rotos y las deudas pendientes. Los dirigentes trabajaron incansables durante muchos años para mejorar el país, sólo se llevaron las comisiones que necesitaban, hicieron millones de pisos, endeudaron las empresas para las que trabajaban, concedieron créditos imposibles, construyeron obras faraónicas y qué mala suerte, todo se fue al garete, la burbuja que tanto se habían preocupado de hinchar explotó. Sus bancos quebraron, sus empresas tuvieron que despedir trabajadores masivamente y sus beneficios disminuyeron.
Pero ellos no pueden salir perjudicados, que paguen los excesos los ciudadanos, que se suban todos los impuestos y tasas. Si no pueden pagar, si pierden su empleo, que les ayuden sus familias, si les embargan el piso que vivan con los abuelos, si no encuentran empleo aquí que lo busquen fuera. El que no pueda pagar para salvar a bancos y a las grandes empresas que se vaya del país. Los culpables de esta crisis somos los ciudadanos, por haber tolerado todo lo que pasó y debemos pagar por ello. Si hay que pagar por el sol o por respirar tenemos que hacerlo, hay que ser patriotas.
Todo esto me recuerda demasiado a otros tristes tiempos que creíamos superados.