Copio aqui un articulo que acabo de publicar en Reef2Reef: "¿Qué es un acuario de arrecife maduro?"
Los aficionados hablan con frecuencia de cuándo un acuario está maduro. Se trata de un concepto algo etéreo, en el sentido de que los acuaristas experimentados saben intuitivamente a qué se refieren cuando utilizan este término. Sin embargo, debemos reconocer que los mecanismos que se esconden detrás de esa percepción no siempre están claros. Un acuario de arrecife es un sistema dinámico de enorme complejidad biológica, química y ecológica, en el que miles de interacciones ocurren simultáneamente y evolucionan con el tiempo.
A nivel macroscópico, podemos afirmar que un acuario maduro es un sistema estable. La ecología de los arrecifes de coral nos dice que la estabilidad y la diversida biológica son dos situaciones autocatalíticas, es decir, la estabilidad favorece la diversidad y la diversidad favorece la estabilidad. No obstante, la estabilidad de un acuariod e arrecife no implica únicamente la ausencia de grandes variaciones en parámetros como la concentración de nutrientes, la salinidad o los elementos químicos implicados en la calcificación coralina. También supone la existencia de una compleja red de interacciones biológicas capaz de amortiguar perturbaciones y evitar que una sola población llegue a dominar el ecosistema. En estas condiciones, bacterias, cianobacterias, dinoflagelados, algas y zooplancton continúan presentes, pero sus poblaciones permanecen reguladas por múltiples mecanismos que actúan simultáneamente.
Para comprender este fenómeno es necesario recurrir a la ecología de poblaciones. En cualquier ecosistema, incluido un acuario de arrecife, las especies atraviesan diferentes fases de crecimiento. Cuando las condiciones son favorables, una población puede entrar en una fase de crecimiento exponencial caracterizada por una rápida expansión, por ejemplo, las típicas plagas de dinoflagelados o los blooms bacterianos que tiñen el agua de color blanqucino. Sin embargo, a medida que aumentan la competencia, la depredación o las limitaciones de recursos, el crecimiento se ralentiza hasta alcanzar una meseta. Finalmente, diversos factores ambientales y biológicos pueden desencadenar una fase de remisión y descenso poblacional. Este patrón se observa tanto en bacterias como en algas, cianobacterias, dinoflagelados y organismos del zooplancton.
Podemos concluir, por tanto, que la supervivencia y propagación de cualquier organismo dependen del equilibrio entre dos grandes grupos de factores: aquellos que favorecen su crecimiento y aquellos que lo limitan. Entre los factores facilitadores destacan el ciclo reproductivo natural de la especie, la disponibilidad de nutrientes orgánicos e inorgánicos, la intensidad y duración de la iluminación y, en determinados casos, el movimiento del agua. Existen incluso evidencias de que algunos organismos modifican sus estrategias reproductivas en respuesta a señales químicas asociadas a la presencia de depredadores. Por otro lado, los factores limitantes incluyen la competencia por el espacio, la presión ejercida por herbívoros y depredadores, las características hidrodinámicas del sistema y la acción de señales químicas inhibitorias producidas por otros organismos.
Las bacterias constituyen la base invisible de gran parte de los procesos biológicos del acuario. Su principal ventaja ecológica reside en su extraordinaria capacidad reproductiva. Algunas especies heterótrofas pueden duplicar su población en cuestión de minutos u horas cuando aparece una nueva fuente de carbono orgánico, ya sea procedente de la alimentación, de aminoácidos o de compuestos orgánicos disueltos. La disponibilidad de nitrato, fosfato y materia orgánica favorece igualmente su crecimiento. Además, una adecuada circulación del agua facilita el aporte continuo de oxígeno y nutrientes, creando condiciones favorables para su desarrollo. Sin embargo, las poblaciones bacterianas también encuentran limitaciones. La competencia entre diferentes cepas, la ocupación previa del espacio por biofilms establecidos, la depredación ejercida por protozoos y zooplanton (copépodos y otros microcrustáceos) , así como la producción de antibióticos naturales y toxinas inhibitorias, contribuyen a evitar que una única comunidad bacteriana monopolice el ecosistema.
Las cianobacterias representan probablemente el mejor ejemplo de organismo oportunista. Su crecimiento puede ser extremadamente rápido cuando encuentran condiciones favorables, formando extensos mantos mucosos que se expanden sobre rocas y sustratos. La presencia de fosfato en exceso junto con elevadas concentraciones de materia orgánica disuelta suele favorecer su proliferación. Algunas especies poseen además la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, lo que les permite prosperar incluso cuando los nitratos son escasos. Las zonas con escasa circulación facilitan la acumulación de detritos y constituyen lugares ideales para su establecimiento. Asimismo, aprovechan eficazmente determinados espectros de luz más blancos y suelen beneficiarse de fotoperiodos prolongados. Frente a ello, la ocupación previa del espacio por algas coralinas, corales, esponjas y biofilms reduce significativamente las superficies disponibles para su expansión. El movimiento intenso del agua dificulta la formación de sus característicos mantos, mientras que la acción de herbívoros y la presencia de compuestos alelopáticos producidos por corales y otras bacterias contribuyen a mantenerlas bajo control.
Los dinoflagelados constituyen otro grupo particularmente interesante, ya que suelen prosperar precisamente en sistemas desequilibrados. Muchas especies alternan fases bentónicas y planctónicas, e incluso pueden formar quistes resistentes capaces de sobrevivir durante largos periodos. A diferencia de las algas filamentosas o las cianobacterias, suelen aparecer cuando los nutrientes alcanzan niveles extremadamente bajos y la competencia biológica se reduce. La circulación del agua favorece su dispersión, mientras que la luz resulta esencial para muchas especies fotosintéticas. Sin embargo, su crecimiento puede verse limitado por la competencia ejercida por diatomeas, bacterias, algas y cianobacterias, así como por la ocupación previa de las superficies disponibles. Ya sabemos que el empleo de fuentes extrernas de carbono activo estimula la generación de compuesto de alelopatía en ciertas bacterias heterótrofas que inhiben completamente el crecimeinto de los dinoflagelados en el acuario. Algunos copépodos y microcrustáceos también consumen determinadas especies de dinoflagelados. Además, en sistemas maduros existe una compleja red de interacciones químicas y biológicas que dificulta su establecimiento. De hecho, en numerosos acuarios los dinoflagelados aparecen precisamente después de haber eliminado gran parte de la competencia biológica mediante tratamientos excesivamente agresivos.
Las algas filamentosas constituyen uno de los organismos más visibles para el acuarista. Su crecimiento se ve favorecido por la abundancia de nitrato, fosfato, hierro y materia orgánica, así como por una elevada disponibilidad de luz. La circulación del agua les proporciona un suministro constante de nutrientes, permitiéndoles crecer rápidamente mediante fragmentación y producción de esporas. Sin embargo, también están sometidas a importantes mecanismos de control. La ocupación del espacio por coralinas, corales, esponjas y biofilms microbianos maduros limita enormemente su capacidad de colonización. Además, el pasto de herbívoros constituye probablemente un importante factor regulador de estas poblaciones. Peces como Zebrasoma, Ctenochaetus y Salarias, junto con erizos y numerosos caracoles, ejercen una presión constante que limita su expansión. A ello se suma la posible acción de compuestos químicos producidos por algas coralinas y corales, capaces de dificultar la fijación de nuevas esporas.
El zooplancton, formado por copépodos, anfípodos, rotíferos y otros pequeños organismos, desempeña un papel fundamental en la dinámica ecológica del arrecife. Su elevada capacidad reproductiva le permite responder rápidamente a incrementos en la disponibilidad de alimento. Bacterias, fitoplancton, detritos y microalgas constituyen la base de su dieta. La circulación favorece tanto la dispersión como el acceso a los recursos, mientras que la luz influye indirectamente a través de la producción de fitoplancton. Sin embargo, las poblaciones de zooplancton están sometidas a una intensa presión de depredación. Peces como los mandarines, numerosos lábridos, anthias y diversos corales filtradores consumen continuamente estos organismos. La disponibilidad de refugios y la competencia con otras especies también contribuyen a regular sus poblaciones.
Desde esta perspectiva, la hipótesis de que la madurez de un acuario de arrecife está relacionada con la consolidación de una compleja red de interacciones ecológicas . Un acuario joven suele presentar abundante espacio libre, una baja diversidad microbiana, escasa alelopatía y numerosos nichos ecológicos vacíos. Por ello, es frecuente observar la aparición sucesiva de bacterias oportunistas, diatomeas, dinoflagelados, cianobacterias y algas filamentosas.
A medida que el sistema envejece, los nichos se ocupan progresivamente, aumenta la diversidad biológica, se establecen comunidades de herbívoros y depredadores, y los corales comienzan a influir químicamente sobre su entorno. Por esta razón, suele ser recomendable introducir una población significativa de corales una vez completado el ciclado del acuario. Evidentemente, deben seleccionarse corales resistentes, probablemente en su mayoría LPS, para que los espacios disponibles vayan siendo ocupados por las especies que deseamos que dominen el estado final del sistema.Los corales son consumidores netos de nutrientes y, por tanto, no suelen representar un riesgo significativo de saturar la comunidad bacteriana. Los peces, por el contrario, son generadores de nutrientes, por lo que deben introducirse a un ritmo más pausado.
La conclusión que puede extraerse de estas consideraciones, respaldada además por la experiencia de numerosos aficionados, es que, si se retrasa excesivamente la introducción de corales, otros organismos oportunistas, como las cianobacterias, los dinoflagelados y las algas filamentosas, tendrán más oportunidades de colonizar los espacios disponibles y consolidar su dominio. Esta dominancia no se limita únicamente al espacio físico, sino que también puede extenderse al espacio químico del acuario, modificando las condiciones ecológicas del sistema en su propio beneficio y dificultando posteriormente el establecimiento de los corales que realmente deseamos mantener.
El resultado final es un acuario maduro es dificil que una población puede entrar fácilmente en una fase de crecimiento exponencial, ya que encuentra múltiples mecanismos de control actuando simultáneamente. Desde esta perspectiva, la madurez de un acuario arrecife podría definirse como el estado en el que la competencia por el espacio y los recursos, la depredación, el pasto de hervivoros y las señales químicas mantienen a todas las poblaciones alejadas de su máximo potencial de crecimiento, impidiendo que una sola de ellas domine el sistema.
Esta interpretación también podría ayudar a explicar por qué algunos acuarios muy maduros parecen resentirse cuando se emplean cantidades excesivas de carbón activo, ozono o cambios masivos de agua. Aunque estos métodos son herramientas útiles para mantener la calidad del agua, podrían reducir parte de la compleja red de compuestos orgánicos y señales químicas que contribuyen a la estabilidad biológica del ecosistema. No parece ser el factor principal, pero constituye una hipótesis ecológicamente razonable y todavía poco explorada dentro de la acuariofilia de arrecife.
Los aficionados hablan con frecuencia de cuándo un acuario está maduro. Se trata de un concepto algo etéreo, en el sentido de que los acuaristas experimentados saben intuitivamente a qué se refieren cuando utilizan este término. Sin embargo, debemos reconocer que los mecanismos que se esconden detrás de esa percepción no siempre están claros. Un acuario de arrecife es un sistema dinámico de enorme complejidad biológica, química y ecológica, en el que miles de interacciones ocurren simultáneamente y evolucionan con el tiempo.
A nivel macroscópico, podemos afirmar que un acuario maduro es un sistema estable. La ecología de los arrecifes de coral nos dice que la estabilidad y la diversida biológica son dos situaciones autocatalíticas, es decir, la estabilidad favorece la diversidad y la diversidad favorece la estabilidad. No obstante, la estabilidad de un acuariod e arrecife no implica únicamente la ausencia de grandes variaciones en parámetros como la concentración de nutrientes, la salinidad o los elementos químicos implicados en la calcificación coralina. También supone la existencia de una compleja red de interacciones biológicas capaz de amortiguar perturbaciones y evitar que una sola población llegue a dominar el ecosistema. En estas condiciones, bacterias, cianobacterias, dinoflagelados, algas y zooplancton continúan presentes, pero sus poblaciones permanecen reguladas por múltiples mecanismos que actúan simultáneamente.
Para comprender este fenómeno es necesario recurrir a la ecología de poblaciones. En cualquier ecosistema, incluido un acuario de arrecife, las especies atraviesan diferentes fases de crecimiento. Cuando las condiciones son favorables, una población puede entrar en una fase de crecimiento exponencial caracterizada por una rápida expansión, por ejemplo, las típicas plagas de dinoflagelados o los blooms bacterianos que tiñen el agua de color blanqucino. Sin embargo, a medida que aumentan la competencia, la depredación o las limitaciones de recursos, el crecimiento se ralentiza hasta alcanzar una meseta. Finalmente, diversos factores ambientales y biológicos pueden desencadenar una fase de remisión y descenso poblacional. Este patrón se observa tanto en bacterias como en algas, cianobacterias, dinoflagelados y organismos del zooplancton.
Podemos concluir, por tanto, que la supervivencia y propagación de cualquier organismo dependen del equilibrio entre dos grandes grupos de factores: aquellos que favorecen su crecimiento y aquellos que lo limitan. Entre los factores facilitadores destacan el ciclo reproductivo natural de la especie, la disponibilidad de nutrientes orgánicos e inorgánicos, la intensidad y duración de la iluminación y, en determinados casos, el movimiento del agua. Existen incluso evidencias de que algunos organismos modifican sus estrategias reproductivas en respuesta a señales químicas asociadas a la presencia de depredadores. Por otro lado, los factores limitantes incluyen la competencia por el espacio, la presión ejercida por herbívoros y depredadores, las características hidrodinámicas del sistema y la acción de señales químicas inhibitorias producidas por otros organismos.
Las bacterias constituyen la base invisible de gran parte de los procesos biológicos del acuario. Su principal ventaja ecológica reside en su extraordinaria capacidad reproductiva. Algunas especies heterótrofas pueden duplicar su población en cuestión de minutos u horas cuando aparece una nueva fuente de carbono orgánico, ya sea procedente de la alimentación, de aminoácidos o de compuestos orgánicos disueltos. La disponibilidad de nitrato, fosfato y materia orgánica favorece igualmente su crecimiento. Además, una adecuada circulación del agua facilita el aporte continuo de oxígeno y nutrientes, creando condiciones favorables para su desarrollo. Sin embargo, las poblaciones bacterianas también encuentran limitaciones. La competencia entre diferentes cepas, la ocupación previa del espacio por biofilms establecidos, la depredación ejercida por protozoos y zooplanton (copépodos y otros microcrustáceos) , así como la producción de antibióticos naturales y toxinas inhibitorias, contribuyen a evitar que una única comunidad bacteriana monopolice el ecosistema.
Las cianobacterias representan probablemente el mejor ejemplo de organismo oportunista. Su crecimiento puede ser extremadamente rápido cuando encuentran condiciones favorables, formando extensos mantos mucosos que se expanden sobre rocas y sustratos. La presencia de fosfato en exceso junto con elevadas concentraciones de materia orgánica disuelta suele favorecer su proliferación. Algunas especies poseen además la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, lo que les permite prosperar incluso cuando los nitratos son escasos. Las zonas con escasa circulación facilitan la acumulación de detritos y constituyen lugares ideales para su establecimiento. Asimismo, aprovechan eficazmente determinados espectros de luz más blancos y suelen beneficiarse de fotoperiodos prolongados. Frente a ello, la ocupación previa del espacio por algas coralinas, corales, esponjas y biofilms reduce significativamente las superficies disponibles para su expansión. El movimiento intenso del agua dificulta la formación de sus característicos mantos, mientras que la acción de herbívoros y la presencia de compuestos alelopáticos producidos por corales y otras bacterias contribuyen a mantenerlas bajo control.
Los dinoflagelados constituyen otro grupo particularmente interesante, ya que suelen prosperar precisamente en sistemas desequilibrados. Muchas especies alternan fases bentónicas y planctónicas, e incluso pueden formar quistes resistentes capaces de sobrevivir durante largos periodos. A diferencia de las algas filamentosas o las cianobacterias, suelen aparecer cuando los nutrientes alcanzan niveles extremadamente bajos y la competencia biológica se reduce. La circulación del agua favorece su dispersión, mientras que la luz resulta esencial para muchas especies fotosintéticas. Sin embargo, su crecimiento puede verse limitado por la competencia ejercida por diatomeas, bacterias, algas y cianobacterias, así como por la ocupación previa de las superficies disponibles. Ya sabemos que el empleo de fuentes extrernas de carbono activo estimula la generación de compuesto de alelopatía en ciertas bacterias heterótrofas que inhiben completamente el crecimeinto de los dinoflagelados en el acuario. Algunos copépodos y microcrustáceos también consumen determinadas especies de dinoflagelados. Además, en sistemas maduros existe una compleja red de interacciones químicas y biológicas que dificulta su establecimiento. De hecho, en numerosos acuarios los dinoflagelados aparecen precisamente después de haber eliminado gran parte de la competencia biológica mediante tratamientos excesivamente agresivos.
Las algas filamentosas constituyen uno de los organismos más visibles para el acuarista. Su crecimiento se ve favorecido por la abundancia de nitrato, fosfato, hierro y materia orgánica, así como por una elevada disponibilidad de luz. La circulación del agua les proporciona un suministro constante de nutrientes, permitiéndoles crecer rápidamente mediante fragmentación y producción de esporas. Sin embargo, también están sometidas a importantes mecanismos de control. La ocupación del espacio por coralinas, corales, esponjas y biofilms microbianos maduros limita enormemente su capacidad de colonización. Además, el pasto de herbívoros constituye probablemente un importante factor regulador de estas poblaciones. Peces como Zebrasoma, Ctenochaetus y Salarias, junto con erizos y numerosos caracoles, ejercen una presión constante que limita su expansión. A ello se suma la posible acción de compuestos químicos producidos por algas coralinas y corales, capaces de dificultar la fijación de nuevas esporas.
El zooplancton, formado por copépodos, anfípodos, rotíferos y otros pequeños organismos, desempeña un papel fundamental en la dinámica ecológica del arrecife. Su elevada capacidad reproductiva le permite responder rápidamente a incrementos en la disponibilidad de alimento. Bacterias, fitoplancton, detritos y microalgas constituyen la base de su dieta. La circulación favorece tanto la dispersión como el acceso a los recursos, mientras que la luz influye indirectamente a través de la producción de fitoplancton. Sin embargo, las poblaciones de zooplancton están sometidas a una intensa presión de depredación. Peces como los mandarines, numerosos lábridos, anthias y diversos corales filtradores consumen continuamente estos organismos. La disponibilidad de refugios y la competencia con otras especies también contribuyen a regular sus poblaciones.
Desde esta perspectiva, la hipótesis de que la madurez de un acuario de arrecife está relacionada con la consolidación de una compleja red de interacciones ecológicas . Un acuario joven suele presentar abundante espacio libre, una baja diversidad microbiana, escasa alelopatía y numerosos nichos ecológicos vacíos. Por ello, es frecuente observar la aparición sucesiva de bacterias oportunistas, diatomeas, dinoflagelados, cianobacterias y algas filamentosas.
A medida que el sistema envejece, los nichos se ocupan progresivamente, aumenta la diversidad biológica, se establecen comunidades de herbívoros y depredadores, y los corales comienzan a influir químicamente sobre su entorno. Por esta razón, suele ser recomendable introducir una población significativa de corales una vez completado el ciclado del acuario. Evidentemente, deben seleccionarse corales resistentes, probablemente en su mayoría LPS, para que los espacios disponibles vayan siendo ocupados por las especies que deseamos que dominen el estado final del sistema.Los corales son consumidores netos de nutrientes y, por tanto, no suelen representar un riesgo significativo de saturar la comunidad bacteriana. Los peces, por el contrario, son generadores de nutrientes, por lo que deben introducirse a un ritmo más pausado.
La conclusión que puede extraerse de estas consideraciones, respaldada además por la experiencia de numerosos aficionados, es que, si se retrasa excesivamente la introducción de corales, otros organismos oportunistas, como las cianobacterias, los dinoflagelados y las algas filamentosas, tendrán más oportunidades de colonizar los espacios disponibles y consolidar su dominio. Esta dominancia no se limita únicamente al espacio físico, sino que también puede extenderse al espacio químico del acuario, modificando las condiciones ecológicas del sistema en su propio beneficio y dificultando posteriormente el establecimiento de los corales que realmente deseamos mantener.
El resultado final es un acuario maduro es dificil que una población puede entrar fácilmente en una fase de crecimiento exponencial, ya que encuentra múltiples mecanismos de control actuando simultáneamente. Desde esta perspectiva, la madurez de un acuario arrecife podría definirse como el estado en el que la competencia por el espacio y los recursos, la depredación, el pasto de hervivoros y las señales químicas mantienen a todas las poblaciones alejadas de su máximo potencial de crecimiento, impidiendo que una sola de ellas domine el sistema.
Esta interpretación también podría ayudar a explicar por qué algunos acuarios muy maduros parecen resentirse cuando se emplean cantidades excesivas de carbón activo, ozono o cambios masivos de agua. Aunque estos métodos son herramientas útiles para mantener la calidad del agua, podrían reducir parte de la compleja red de compuestos orgánicos y señales químicas que contribuyen a la estabilidad biológica del ecosistema. No parece ser el factor principal, pero constituye una hipótesis ecológicamente razonable y todavía poco explorada dentro de la acuariofilia de arrecife.